viernes, 12 de octubre de 2012

nº 3


Llevabas tanto tiempo distante… Actuabas como si no te hubiera querido. Habías cambiado tanto… Tus ojos no me miraban de la misma forma, tu sonrisa ya no acariciaba el cielo y hacía ya algún tiempo que tus labios no sabían decirme aquellas cosas con las que un día me enamoraste. Sólo llegaste y te adueñaste de todo sin preguntar, hasta hacerme sentir que mi mundo no tendría sentido sin ti.

Y de repente, cuando conseguiste hacerme tuya… ¿Qué ocurrió? ¿Qué hice mal? Yo sólo te quise, solo te di todo lo que tenía, te di lo mejor de mí… Y cuánto más te quería menos lógica tenía todo…

 Aquella noche, preparando la que sería nuestra última cena juntos, yo tan inocente como siempre, pensé que todo podría arreglarse, que todo podría volver al punto de partida… Y fue justo al colocar sobre la mesa las barras de incienso de aquel espantoso olor que tú tanto adoraba cuando llamaste a la puerta.

Todo paso tan rápido… Las imágenes se entrecruzan en mi mente. Te sentaste y atravesaste mi corazón con la espada de tu mirada, y lo sentí sangrar latiendo cada vez más lento, como si se estuviese apagando...

-¿Es cierto? ¿Ya no me quieres?
+No.

Miré tus ojos perdidos en el infinito, y no encontré ni siquiera en lo más profundo algo que contradijera aquello que acababas de decir. ”Será como si nunca hubiera existido” Aquella fue una promesa que rompiste tan pronto como hiciste.

Solo dijiste aquellas espantosas palabras, besaste mi acalorada frente y marchaste…  Habías sido tan importante para mí que nunca te hubiera imaginado tan lejos… Aun con toda la oposición que ponía mi mente, el corazón se hundía por momentos. Parecía que el tiempo no avanzaba, pero los días pasaban, aunque no pasara nada. En las semanas, incluso en los meses sucesivos éste transcurrió de manera anormal, había extraños saltos en los que me evadía por completo, pero sobre todo eran treguas insoportables, interminables…

Dicen que el tiempo cura las heridas, y aunque en muchas ocasiones pensé que era la excepción de toda regla y que el tiempo nunca curaría las mías; un día apareció ante mí un punto de luz que me indicó la salida. Y poco a poco comencé aquel camino que me sacó de esa burbuja que me había tenido atrapada hasta lo más profundo.


Ametz. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario