Llevabas tanto
tiempo distante… Actuabas como si no te hubiera querido. Habías cambiado tanto…
Tus ojos no me miraban de la misma forma, tu sonrisa ya no acariciaba el cielo
y hacía ya algún tiempo que tus labios no sabían decirme aquellas cosas con las
que un día me enamoraste. Sólo llegaste y te adueñaste de todo sin preguntar,
hasta hacerme sentir que mi mundo no tendría sentido sin ti.
Y de repente,
cuando conseguiste hacerme tuya… ¿Qué ocurrió? ¿Qué hice mal? Yo sólo te quise,
solo te di todo lo que tenía, te di lo mejor de mí… Y cuánto más te quería
menos lógica tenía todo…
Aquella noche, preparando la que sería nuestra
última cena juntos, yo tan inocente como siempre, pensé que todo podría
arreglarse, que todo podría volver al punto de partida… Y fue justo al
colocar sobre la mesa las barras de incienso de aquel espantoso olor que tú
tanto adoraba cuando llamaste a la puerta.
Todo paso tan
rápido… Las imágenes se entrecruzan en mi mente. Te sentaste y atravesaste mi corazón con la espada de tu
mirada, y lo sentí sangrar latiendo cada vez más lento, como si se
estuviese apagando...
-¿Es cierto? ¿Ya no
me quieres?
+No.
Miré tus ojos
perdidos en el infinito, y no encontré ni siquiera en lo más profundo algo que contradijera
aquello que acababas de decir. ”Será como si nunca hubiera existido” Aquella
fue una promesa que rompiste tan pronto como hiciste.
Solo dijiste
aquellas espantosas palabras, besaste mi acalorada frente y marchaste… Habías sido tan importante para mí que nunca
te hubiera imaginado tan lejos… Aun con toda la oposición que ponía mi mente,
el corazón se hundía por momentos. Parecía que el tiempo no avanzaba, pero los
días pasaban, aunque no pasara nada. En las semanas, incluso en los meses
sucesivos éste transcurrió de manera anormal, había extraños saltos en los que
me evadía por completo, pero sobre todo eran treguas insoportables,
interminables…
Dicen que el tiempo
cura las heridas, y aunque en muchas ocasiones pensé que era la excepción de
toda regla y que el tiempo nunca curaría las mías; un día apareció ante mí un
punto de luz que me indicó la salida. Y poco a poco comencé aquel camino que me
sacó de esa burbuja que me había tenido atrapada hasta lo más profundo.
Ametz.
No hay comentarios:
Publicar un comentario