sábado, 19 de enero de 2013

Y solo dijo, "Me has partido el corazón..."

Nuevo fin de semana, nuevo cuento para lengua. 


Estaba siendo una noche normal…

Como todas las anteriores en las últimas semanas. En la discoteca, sonaba la música, escandalosa, divertida, intentaba hacernos olvidar todo. Pero estábamos tan quemadas, que ni un par de cubatas de más, podrían retroceder atrás en el tiempo.

Una chica se acerco a mí y me tendió la mano, invitándome a bailar. -¿A dónde crees que vas?- Jenny, me cogió del brazo enfadada. –He venido a este… asqueroso sitio para estar contigo. ¿No pensarás dejarme aquí?-

Harta, me solté del brazo de Jenny con un tirón y acompañe a la chica a la pista. Era guapa, tenía una sonrisa preciosa… Comenzamos a bailar, agarradas. Me cogió de la cintura y poco a poco fue acercándose a mi cuello, hasta comenzar a besarme. -¿Y Jenny?- pensé, -¿Cómo no viene a montar el numerito?-. Me giré y fui a la barra. En efecto, Jenny no había venido porque estaba muy ocupada…
-       ¡Jenn! Pero ¿qué haces? –le quité mi móvil con rapidez- ¿¡qué hacías!?
-       ¡Estaba leyendo tus mensajes!
-       ¡Y una mierda! ¡Estabas viendo si tengo mensajes de Nikkie!
-       Estaba viendo por qué tiene tu teléfono.
-       No me manda mensajes Jenny, ¿vale? Tienes que confiar en mí.
-       Quería ver si… -Entonces empezó a soltar uno de sus discursos. Eran las palabras de siempre, había hecho que me las aprendiera de memoria. Era insoportable-.
Cogí mi copa y me bebí de un trago todo lo que quedaba. Tenía que dejar de beber ya. Empecé a encontrarme mal, estaba enfadada, la quería, pero la situación era insostenible. Nunca habíamos estado tan mal, ¿cómo podía ser tan extremadamente celosa? A veces el odio y el amor me confundían… Llamé a Alice: -Necesito ayuda. Me tiene de los putos nervios, dame cinco minutos. ¿Puedes entretenerla? Si viene a buscarme, llámame-.

-       Shane –me llamó Jenny-. ¿A dónde vas?
-       Me han dicho que tengo las luces del coche encendidas, así que voy a apagarlas.
-       Por favor no te vayas.
-       Son cinco minutos, ¿sí? Solo cinco minutos.
Fui al baño y metí la cabeza dentro del lavabo para refrescarme. Alguien me sostuvo el pelo y comenzó a hablar.  
-       ¿Tan mal va todo? Últimamente cada vez que te veo vas bebida hasta no poder más.
-¿Quién será?- Pensé. La música no me dejaba oír bien su voz. Me levanté y tal como suponía ahí estaba Nikkie.
-       Y dime, ¿hay algo que te haga feliz últimamente?
-       Déjame, hoy no quiero oírlo.
-       ¿Por qué?
-       Porque esto es lo que hay, cállate.
-       No es verdad. Es lo que tú dejas que haya. ¡no te vayas! ¿No me vas a hablar?
-       No debería… Jenny está fuera.
-       ¿Y qué le pasa?
-       Estamos juntas, si… Y no creo que se sienta muy cómoda si entra aquí y nos ve hablando… ya sabes, considerando…todo aquello… Me pareces una tía súper dulce, quiero que lo sepas. Y si Jenn no estuviera… -Nikkie me empujó hacia uno de los baños, sin permitirme seguir hablando-
-       Shhh, calla Shane. Deja de preocuparte de todo por un momento. Jenny no se va a sentirse incómoda, porque Jenny no va a vernos…
-       ¡Esto es una puta locura Nikkie!
Nikkie comenzó a besarme. Recorría mis labios con su lengua, el cuello… Intenté resistirme, pero no era tarea fácil. Y fue, cuando comenzó a susurrarme al odio, cuando decidí que todo lo demás daba igual… Cogió mis manos y las fue bajando por su espalda, hasta que tomaron ritmo por si solas. Comencé a desnudarla, mientras sentía su agitada respiración en mi cuello. -¡Pero qué hago!- pensé. ¡Tengo una mujer desnuda entre mis brazos, y no es la mía!-.

Me deshice de sus manos, enredadas en mi cabello y me apoyé contra la pared –Para Nikkie, esto no está bien-.

-       ¡¿Cómo que pare!? ¡Esto no es una locura! No más que el que tú no acabes con tu relación infernal porque crees que Jenny se suicidaría. Es lo mismo.
-       Creo que sería capaz.
-       ¿Y eso es malo?
-       ¡Oh, Nikkie, joder! ¡No lo dices en serio! –Le di un beso, en la mejilla, y comencé a vestirme-.
-       ¿¡Qué!? ¡No me dejes así! Es que… ¡no entiendo cuando te has vuelto tan responsable! Es decir, no te ofendas, pero no es que hayas sido la ciudadana más ejemplar en lo que respecta a la infidelidad sexual…
-       Lo sé… pero… Déjame que intente explicarme. Es que… me siento responsable de ella. Como si me hubieran confiado una niña perdida… como si me hubieran  hecho responsable de los sentimientos de otra persona.
-       Pues… es enfermizo en cierto modo. De todas las personas con las que has estado, Shane, ¿por qué escoges a Jenny para eso? Es… la chica ni tiene talento, ni siquiera es buena persona. ¡Es como un fraude!
-       Si la dejase plantada, creo que Jenny perdería la cabeza. Así que, tengo que escoger entre… mi felicidad o la suya. Así es como lo veo yo.
Estaba a punto de salir, cuando alguien comenzó a aporrear la puerta con fuerza:- “¿Shane? Sé que estás aquí ¿Qué ocurre? ¡Si quieres verme despertar a tu lado mañana, sal ahora mismo!”- Era Jenny, estaba llorando, su voz era débil, se quebraba a mitad de cada palabra.

-Shhh- le susurré a Nikkie. –Voy a salir, Jenny no debe verte, me la llevaré fuera del baño. Tú espera aquí. Cuando dejes de oírnos puedes salir. ¿De acuerdo?- Nikkie se enfadó, supongo que no le gustaba verme así, que solo intentaba ayudarme, aunque no de la manera correcta. -¡No! Voy a salir ahí fuera contigo Shane, vamos a hablar con Jenny, vamos a hacer que esto se acab…- Pero sin darle tiempo a terminar, susurre un último -por favor… espera aquí…- abrí la puerta, y salí.

Allí estaba Jenny, enfrente de mí. Sentada sobre el lavabo, transmitía con sus rostro irá entremezclada con tristeza y decepción… sus ojos, llorosos, estaban ennegrecidos por el maquillaje corrido. Gemía, temblorosa y pensante…
-        ¿¡Dónde te has metido!?
-        ¡Estaba fumando! –Dije indignada-.
-        ¡Shane! ¡Lo habíamos dejado!
-        ¡Tú lo habías dejado!
-        … ¡¿Estabas en el baño tirándote a Nikkie Stevens!? ¡¿Te la estabas tirando!?
-        ¡¿De qué hablas!? ¿Por qué estás tan paranoica? –Gritábamos con todas nuestras fuerzas-
-        ¡Es que tú haces que me ponga paranoica! ¡Me pones histérica!
-        ¿Sabes qué? ¡Tienes que dejarme en paz! Porque sé que cuando te pones insegura y paranoica, lo único que quieres es controlarlo todo. ¡No me trates como si fuera de tu maldita propiedad! ¡No me metas en una puta jaula!
-        ¿Yo te estoy metiendo en una jaula?
-        ¡Ya estoy dentro! ¡Mírame! ¡No me dejas respirar, me pones de los nervios!
-        ¿Eso es una amenaza? ¿Sabes qué? –se giró y comenzó a apartar a la gente con fuerza- ¡¡Que de den!!
-        No, no, Jenny, espera, ¡perdona, perdóname…! Lo siento mucho… de verdad… eres mi mejor amiga… y siento tanto esto. Ya éramos amigas… mucho antes de que pasara nada. ¿Verdad?
-        Si… eres mi mejor amiga.
-        Y… te diré, que si tuviera que escoger entre esta relación, y nuestra amistad… escogería siempre nuestra amistad.
-        Ahá… Pues yo también te diré algo. La única forma de que algo se interponga en nuestra amistad es si algo se interpone en nuestra relación sentimental…
Comenzó una nueva canción, nada tenía que ver con la anterior. Esta era dulce, melancólica, perfecta para una reconciliación.
-        Te quiero Shane, no me falles otra vez.
-        … y yo.

-        ¿¡Cómo que la quieres!? –Nikkie salió enfurecida del pequeño baño- ¡No te quiere Jenny, no la haces feliz! ¡No podéis seguir con esta farsa!

Jenny apartó sus preciosos azules ojos de los míos. Soltó mi mano y se alejo de mi, asustada.
-        No espero que me perdones Jenny, no estoy orgullosa de esto, pero yo soy así…
-        ¡Ah…! ¿¡Pero que habéis hecho!? No… Shane, joder –rompió a llorar, apenas podía hablar-, no puedo soportar esto otra vez… Creía que…
-        Déjame explicártelo Jenny…
-        Te hablaré sobre las mentiras. Las hay blancas, negras y hay también muchas gamas de grises. Algunas mentiras están justificadas: las mentiras con las que intentamos ser amables, mentiras que preservan nuestra dignidad, mentiras que ahorran dolor… Todo el mundo miente. Pero yo te pedí que no lo hicieras. Solo eso. Y tú lo has hecho, me has fallado.
Tenías tanto amor que darme… Yo te necesitaba. ¿Por qué te has empeñado en destruir todo? Has convertido las mariposas en pesadillas… Te odio Shane…
Se fue alejando de mí, si no hacia algo la perdería para siempre, pero estaba bloqueada, no sabía qué hacer, y mucho menos qué decir. Jenny abrió la puerta del baño.
-        Shane, me has partido el corazón… –y, despareció-. 

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